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La Última Luna, redescubrir Palestina*
Cien años después, el director chileno Miguel Littin, vuelve a casa de su abuelo.

Por Mistico

Ver extracto de la película

Cinearabe.es, 15/06/2005
Pese a tratarse de una película subtitulada, ya que la mayor parte de los diálogos se oyen en árabe (y ya casi al final un tanto de hebreo) creo que estamos en presencia de un gran título para este año 2005, el que no debería pasar inadvertido por las salas chilenas y del resto de América Latina, porque es una propuesta sumamente interesante y novedosa para nuestro cine, la cual, pese a algunos detalles, logra devolvernos el alma al cuerpo a todos quienes pensábamos que tras el fenómeno de Machuca el año 2004 no volveríamos a ver una producción nacional de calidad en un largo tiempo

En La Última Luna, viajamos a los territorios palestinos de 1914, donde Soliman (el actor palestino Ayman Abu Alhuzolof), es un joven árabe de religión cristiana ortodoxa, quien decide junto a su familia ayudar a su amigo judío Jacob (Alejandro Goic) a construir su casa cerca de su aldea. Decide incluso pasar por encima de los resquemores de los demás palestinos cristianos que no veían con buenos ojos dicha amistad, ya que preveían que los judíos serían quienes reemplazarían a los turcos otomanos a la hora de quitarles sus tierras y someterlos como pueblo. Pues bien, Soliman y Jacob representan una amistad tan fuertemente ligada por los sentimientos que ninguno de los dos podría haber previsto que tras el alejamiento de los turcos se verían cumplidos los principales temores de la comunidad árabe al ver como los colonos judíos se establecían en los kibutz y compraban cada día más tierras.

Un papel muy relevante, pese a los muchos cuestionamientos que se han hecho en Chile por su nivel actoral, es el que tiene la actriz Francisca Merino, quien le da vida a Alinne, la cual tras un enfrentamiento con soldados turcos queda gravemente herida cerca de la aldea y es recogida por Soliman para ser curada y devuelta a los suyos. Sin duda que Soliman, quien ya contaba a su haber con la amistad de Jacob, no dudaría en hacerse cargo de esta judía, quien por su belleza deja perplejo a los demás árabes que la conocen. Sin embargo, y teniendo en cuenta que no puedo adelantar el final de la trama, Alinne será la encargada de asumir el rol más severamente criticado de los judíos, ya que el papel que cumplirá tras su retorno a la aldea será el caldo de cultivo para todos los antijudíos que estén presentes entre el público. Quizás el doblaje de los diálogos le haya jugado a favor a Francisca Merino, pero en honor a la verdad sale bastante bien parada en relación a lo que le hemos visto hacer en televisión, ya que además, junto a Alejandro Goic, tuvieron la suerte que sus voces se oyeron tanto en árabe como en hebreo a los largo de la cinta, primero cuando ambos interactúan con Soliman y los suyos, y luego cuando se conocen más íntimamente en Jersusalém. De Tamara Acosta en el rol de la mujer de Soliman (Matty) la verdad es que me quedo con la duda, puesto que mientras al revés de Francisca Merino siempre se ha destacado su talento en las telenovelas y en otros trabajos cinematográficos, acá se ve y se escucha muy poco, por lo cual su presencia casi pareciera estar de más, o mejor dicho, pudo haber sido reemplazada por cualquier otra actriz, palestina o chilena, y el resultado hubiera sido tal vez el mismo. Cumple, pero no destaca. No puedo obviar el mal manejo que se tuvo con su personaje en el doblaje, cuando tras reclamar en el juicio por el robo de una vaca, grita notoriamente unos continuos “¡No, no, no!” cuando sus labios debieron expresar la negativa en una inconfundible “¡La, la, la!”.

De los roles secundarios, lejos el que más sobresale es el del actor árabe Mahmoud Awad, quien le da vida a Gorbacha, tío de Soliman, un viejo zorro que opta por el lado que más le convenga según sus intereses, y aunque nunca tranzó en su rechazo a los judíos, su final no será del todo grato. El actor israelí Nicola Zreineh como el sacerdote cristiano ortodoxo es otro punto alto en la cinta, sin duda junto a Awad son los personajes mejor logrados, Ahmad Abu-Saloum caracterizando al tirano turco también logra destacar, en especial cuando se despide de la aldea avizorando lo que vendrá entre judíos y palestinos. Los personajes de Jacob y Soliman a ratos se vieron muy planos en medio de su amistad y los conflictos que vivían los aldeanos de Beit-Jala y Beit-Sajour, pero quizás Goic estuvo más sólido que Abu Alhuzolof, pero en realidad fueron sobrepasados por los actores más secundarios. A Goic sin duda le ayudó mezclar algunos garabatos chilenos mientras retaba en árabe a su amigo palestino.

Sin embargo, el conjunto de la película deja un claro balance positivo en cuanto a producción, edición y fotografía, unido a una idea expresada muy acertadamente en un guión de peso y muy bien escrito. Notable la forma en que se presenta lo más representativo de Chile, como un cuadro de Arturo Prat, entre los lejanos habitantes de dichas aldeas palestinas con familiares ya establecidos en Chile.

A pesar de todo, y avisando desde ya a los lectores de este artículo, también debo hacer notar que dentro de los detalles que pueden jugarle en contra a este film, hay muchos aspectos en los que no soy en absoluto un ignorante, ya que a pesar de no tener sangre árabe o judía por mis venas (al menos no directamente) sí conozco y he averiguado mucho de la realidad de Medio Oriente, especialmente del conflicto palestino-israelí y sus orígenes, por lo tanto creo que más allá de apuntar a los notables aciertos de la película, también creo necesario informar a los demás que aún no la hayan visto que hay temas que me extraña muchísimo que su realizador no haya tomado en cuenta al momento de presentar esta historia tan personal de sus antepasados, porque a pesar de centrarse básicamente en el conflicto que se generó entre las aldeas cristianas de Palestina con la incipiente llegada de los primeros judíos a su “tierra prometida”, lo que cicatrizó una amistad muy bella personificada en los dos personajes principales, es curioso que se haya obviado el papel que jugaron los árabes musulmanes en dicho período, claramente los más extremistas en cuanto a la presencia turca, británica y hebrea en su tierra (lo que perdura hasta nuestros días), como también el rol casi desconocido que jugaron los judíos orientales en el origen de esta problemática territorial y religiosa, ya que nuevamente en el rol de Goic, y especialmente en el de Merino, se simboliza al judío de origen europeo que llegó a establecerse a Palestina, ya sea a través de la compra de tierras como en las labores de trabajo colectivo en los kibutz. Si bien el personaje de Jacob había arribado a la actual Cisjordania desde Argentina está claro que no representa al judío sefardita, el que de pronto se vio envuelto en una disyuntiva a todas luces perturbadora, ya que por un lado vio que muchos de los que compartían su propia religión, la judía, llegaban en masa a recuperar “su tierra”, pero a costa de sus primo-hermanos árabes, los que mismos con quienes por siglos habían tenido mucho más en común (incluido el idioma árabe). El papel de estos judíos aún en nuestros días es ignorado por muchos occidentales, los cuales solo ven a la empobrecida comunidad árabe como víctima del judío sionista (mayoritariamente ashkenazim, o proveniente de Europa), desconociendo que en los demás países islámicos estas comunidades han debido soportar restricciones y persecuciones mucho más brutales que las que denuncian los palestinos.

Sinceramente pensé que el film de Miguel Littin tocaría al menos en un diálogo la realidad de estos hebreos, la que dudo que sus tíos palestinos hayan desconocido en esos años. Por otra parte, simbolizar el papel del yugo islámico en los belicosos turcos me pareció muy ajustado en cuanto al contexto histórico, especialmente en el de los dos soldados que a ratos cumplían el papel de bufones a causa de sus fechorías, pero haber omitido que la semilla islámica ya estaba cobrando fuerza entre muchos palestinos, que tras su resistencia contra los turcos tampoco aceptaron la presencia judía. Un tanto sospechoso, ya que no sólo los turcos otomanos y los colonos hebreos fueron la causa del éxodo de muchas familias palestinas a Sudamérica, especialmente a Chile, sino también el papel tan beligerante que muchos seguidores de Mahoma fueron tomando con la partida de los ingleses de Palestina y su posterior división en dos estados, uno árabe y otro judío. Estamos claro que la tozudez y el no cumplimiento por parte de Israel de las resoluciones adoptadas por la O.N.U. ha sido un pilar fundamental para el derramamiento de mucha sangre inocente en ese suelo, pero por favor, seamos sinceros, el fanatismo y la intolerancia religiosa es compartida por ambos lados, al menos en los dos más extremistas: el judaísmo ortodoxo y el islam más cercano al shiísmo.

Tras ver la película, me gustará oír de Miguel Littin las razones que llevaron a obviar estas dos aristas tan sensibles en el nacimiento del conflicto árabe-israelí.

Aún así, la objetividad es algo que no debe perderse cuando se hace una crítica a un trabajo cinematográfico, y bajo esta premisa es que prefiero sincerarme y desdecirme por completo cuando hace algunos meses dudé de la mirada que Littin le daría a su película, ya que como miembro de la comunidad árabe palestina de nuestro país supuse que su orientación sería claramente sesgada y con una clara intencionalidad anti israelí en La Última Luna, lo cual estuvo lejos de verse reflejado en las dos horas en que estuve frente a la pantalla.

Una gran película, recomendable para todo público, el que espero que no le de la espalda como a muchas otras cintas que han intentado acercarnos a la realidad de Oriente, como lo que vergonzosamente ocurrió con Kandahar y Osama el año pasado, dos excelentes películas afganas que no lograron permanecer más de dos semanas en cartelera por encontrarse con un público que prefirió evadirse de dichas realidades al optar por un cine más comercial, saboreando su pop-corn, lo cual no implica ninguna crítica negativa en sí, pero que lamentablemente subyuga a propuestas como esas y La Última Luna a lugares secundarios (y quizás más bajos) cuando se trata de optar por una entrada al cine. Ojalá Dios, Yahvé o Alá no permitan que ocurra lo mismo con este gran trabajo chileno.

Ficha Técnica:

Estreno en Ámerica Latina, Marzo-Mayo 2005
Nombre: La Última Luna.
Género: Drama
Dirección: Miguel Littin
Guión: Miguel Littin
Reparto: Ayman Abu Alhuzolof, Alejandro Goic, Tamara Acosta, Francisca Merino, Mahmoud Awad, Nicola Zreineh, Ahmad Abu-Saloum.
Producción: Miguel Littin - Miguel Joan Littin
Fotografía: Miguel Joan Littin, AEC
Vestuario: Garrido-Acosta, inc
Montaje: Rodolfo Wedeles
Doblaje: Dint Doblajes Internacionales
Música: Wadim Kassis
País: Chile
Idioma: Árabe Palestino, Hebreo
Duración: 120 minutos
Año: 2004
Fuente: http://www.fotech.cl
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